Claves para comprender el Yoga

Hace dos mil quinientos años, cerca de la cordillera del Himalaya, un sabio llamado Buda Gautama descubrió una vía para eliminar el sufrimiento. No lo consiguió con medicamentos ni remedios naturales, solamente se sentó a meditar, y se puso a escuchar su cuerpo. Fue una de las personas más longevas de su tiempo, y no solo alcanzó la iluminación, sino que llegó a vivir ochenta años, una edad que en esta época se asemeja a vivir más de cien años. Los monjes budistas integraron las prácticas milenarias del Yoga para facilitar la meditación, y hace apenas unas semanas, estas llegaron a La Pizarrera. Sandra, vecina de la urbanización desde los cuatro años, las ha traído desde diversas partes del mundo, y su intensa historia puede servir de inspiración para quien quiera acercarse al Yoga.

 

 

¿Dónde aprendió Sandra?

Todo comenzó hace unos años, cuando una alumna de comunicación audiovisual, empezó a darse cuenta de que adaptarse a la sociedad no lo era todo. Notaba chispas en su interior, y quería saber de dónde procedían. Así que en cuanto terminó la carrera y tuvo la oportunidad, decidió viajar. Atravesó medio planeta en avión, y aterrizó en Australia, un lugar que sin saberlo, le cambiaría la vida. En cuanto llegó, diversas experiencias vitales, unas positivas y otras no tanto, le llevaron a encontrar el Yoga. Se dio cuenta de que a veces, cuando uno está dando cabezazos contra un muro, la solución no es atravesarlo, sino buscar otro camino. Descubrió el bienestar que le producía, y con el paso del tiempo fue haciéndolo parte de ella. En palabras suyas, “lo que sienta bien fluye como un río.” Su salud mejoró, y decidió romper con algunos hábitos, como el alcohol, la cafeína y la carne. Lo primero que experimentó fue la desaparición del estrés, ya no pensaba tanto en las cosas, y era más intuitiva.

Y allí, en Australia, asistió a una convención de Yoga, donde conoció el Acroyoga, y aunque notó sus rápidos beneficios, se dio cuenta de que debía ponerse en forma. Sin embargo, una modalidad en especial le haría meterse de lleno en este mundo. Un día de julio, un mes después, fue a una clase donde se subió a una especie de hamaca, suspendida en el aire, y comenzó a hacer ejercicios y posturas de Yoga, sin el peso de la gravedad y con toda la libertad que estar a varios palmos de altura puede ofrecer. Había descubierto el Yoga aéreo, conocido como Antigravity Yoga, y no tardó en formarse para dar las clases. Tras una breve formación en esta modalidad, su profesora le propuso dar clases, y fue entonces cuando supo que quería emplearlas a modo de acercamiento espiritual. Dejó Australia, y voló hasta Tailandia, donde se formó en masaje tailandés, ya que a menudo se suele dar junto al Acroyoga. Se examinó de los dos primeros niveles, que le capacitaron para hacer masajes de cuerpo entero de hasta cuatro horas, además de seguir completándose como profesora Antigravity Yoga. Regresó a España y se capacitó en el Reiki, necesario para aprender a canalizar la energía del cuerpo. "Cuanto más clara es el agua que llevas dentro, más clara va a ser la energía que salga de dentro", explica. Pero no estuvo mucho tiempo en España, pronto se apoderó de ella el impulso de viajar. Y esta vez, el destino elegido fue La Meca del Yoga: India. Encontró un país que al contrario de lo que suele decirse, conserva sus raíces. La tradición del hinduismo sigue muy arraigada, muchas personas son vegetarianas, y muchos tienen la mirada orientada hacia el interior. Fue allí donde su formación dio un salto estelar. En Goa, una provincia situada en el oeste del subcontinente indio, asistió a un curso de doscientas horas en una escuela internacional de Yoga, donde se edificó como profesora. Con personas de diferentes etnias y países, ya sean estadounidenses, británicos, o de todas partes de Asia y África, intercambió conocimientos y habilidades. Tras formarse como profesora, fue a la isla de Bali, en Indonesia, donde siguió madurando en esta modalidad. Aprendió un nuevo tipo de masaje, el wuo tai, conocido como el baile del esteópata. En Nepal se acercó al budhismo con una breve formación en esta filosofía. Pronto regresó a India, donde le esperaría un retiro Vipassana. Este concepto significa "ver las cosas como son", y es una forma de meditación mediante la que Buda enseñó el arte de vivir. En Dharamsala, al norte de India, asistió a una charla del Dalai Lama, a la que acudieron miles de personas, donde se quedó fascinada por la pureza de sus consejos, y su forma de sentir empatía sin alimentar sentimientos negativos. Sus prácticas de profesora las ha realizado en Grecia y Turquía. Durante su última estancia en India, se produjo un cambio significativo en su interior. Tras el Vipassana, le entró la motivación de ayudar a las personas mediante el Yoga. Reconoce que su sueño es ayudar a adolescentes con problemas para relacionarse, personas en situación de exclusión social, o incluso huérfanos, mediante el Acroyoga y el sentimiento de comunidad que genera. Pero como muchas cosas en la vida, los medios para alcanzar los sueños cuestan dinero.

 

¿Qué es el Yoga?

Sin embargo, habría que mirar en el interior de Sandra, o en el de cada persona, para comprender qué es realmente el Yoga. Según ella, es una filosofía de vida, más que un deporte o ejercicio, que envuelve todos los aspectos del día a día. Con la respiración bajo control y el bienestar físico suficiente, se pueden tomar mejores decisiones. En las situaciones que generan grandes dosis de estrés, muchas veces el simple hecho de respirar puede ser determinante en el camino a seguir. Como explica, para mí el Yoga significa mantenerme neutral ante todo lo que la vida te está poniendo a prueba. Al final es el equilibrio del cuerpo, la mente y el alma.” Todo el mundo puede llegar a este estado, pero el papel del profesor también es importante, aunque no imprescindible. Durante la Antigüedad, el Yoga estaba disuelto en la tradición, y por ende, era obligatorio. Pero hoy día, el profesor se encarga de poner un espejo para que la persona se vea a sí misma. No es un guía, un gurú, ni nadie que obligue a llevar un determinado estilo de vida, solo da la motivación y herramientas necesarias para que se produzca el cambio. Son personas que están continuamente aprendiendo a adaptar el Yoga a cada persona, personalizándolo a su medida. Pero... ¿Es realmente necesario ese cambio? ¿Por qué tiene que ser el Yoga la respuesta?

Sobre las finalidades del Yoga, coexisten dos visiones contrapuestas. Por un lado, hay quienes dicen que es una vía para la unión con una divinidad, mientras que otros afirman que se reduce a la obtención de un bienestar físico y psíquico. Según Sandra, ambas afirmaciones son correctas, y ninguna tiene nada de descabellado. Cuando alguien practica Yoga, está uniéndose a la verdad que todos tienen en su interior, en cierto modo, a su propia divinidad. La realidad rodea a cada individuo, todos tienen un entorno interior, y el Yoga trata de disipar el puente emocional que hay entre ambos. Porque al fin y al cabo, son parte de lo mismo. Ella piensa que en una sociedad como la actual, en la que priman el individualismo y el valor de las cosas, para querer algo primero hay que conocerse a uno mismo. Y es ahí donde radica el cambio. Sin embargo, tener el mismo bienestar todos los días es imposible, y ella lo sabe. No todos los días las personas tienen la misma energía, y el Yoga no trata de equilibrarla, sino de aceptar esa situación. La cuestión no es buscar más allá, sino aceptar de forma natural que cada día es diferente, y que no pasa nada. Para ello, para el día a día y el presente, están pensadas las clases de Yoga.

 

¿Cómo sería una clase general?

Hay muchas formas de dar las clases, y depende del tipo de Yoga, pero el bienestar logrado es el mismo, y con el paso del tiempo, va aumentando en calidad. Son de esos momentos que para comprenderlos hay que vivirlos, y para verlos de cerca, habría que situarse en el comienzo de una clase de Sandra. Con los ojos cerrados y concentrándose en la respiración, el practicante se sitúa en el momento presente. Con la ayuda de esta función fisiológica, se levantaría y realizaría varios calentamientos, para desengrasar las articulaciones. El siguiente paso, el saludo al sol. Este ejercicio, en especial, es importante porque trabaja gran parte del cuerpo y lo activa. Con las posturas de pie, el alumno trabajaría el equilibrio y la postura, y después haría flexiones hacia delante, óptimas para el sistema digestivo. Cuando haga ejercicios enfocados en los abdominales y la espalda, sabrá por qué llevan aparejados una compensación continua. Y por último, tras la relajación el Shavasana o Savasana, la postura del muerto, y un escáner completo de cada parte del cuerpo, llegaría un agradecimiento. La razón de ser de este momento es una sensación plenitud, de que todo lo realizado ha tenido un sentido. Según ella, “Es el poder mágico del agradecimiento, siempre que damos las gracias somos un poco más felices.”

 

 

 

La meditación y el arte de vivir

Ella pensó en terminar la clase de Yoga con una sesión de meditación, porque en realidad, los ejercicios fueron pensados con la finalidad de preparar al monje para estar muchas horas sentado meditando. Claro que, es algo en lo que hay que ir poco a poco, comenzando con sesiones de diez minutos. Cuando estuvo en el Vipassana, un lugar donde había que respetar un silencio glaciar, y estaba prohibido hablar con nadie, tenía que realizar diez horas de meditación al día. Allí fue donde descubrió las enseñanzas de Buda acerca del sufrimiento. Él decía que simplemente observándolo y sin implicarse en este, una persona es capaz de desterrar el dolor. Hablaba de un dolor mayoritariamente físico, y aunque el de este tipo suele venir aparejado de dolencias físicas reales, es cierto que las personas almacenan bloqueos emocionales, como dolores de cabeza o de vientre, que vienen de cosas que han pasado, como traumas o malas experiencias. Según ella, “muchas veces nos creamos nuestras propias enfermedades.” Y alguien que se introduce en una meditación profunda, es capaz de eliminar cualquier dolor. Pero la meditación ha demostrado ser mucho más que un remedio para no sufrir. Hace falta tener una mente limpia de pensamientos, un no pensar que es un momento mágico de la mente. La neurología ha demostrado que una mente sin interferencias emocionales, es capaz de crear mayores conexiones neuronales, lo que facilita cierta pureza en las decisiones. Cuando una persona se escucha a sí misma y no se engaña, es capaz de ver los límites entre el bien y el mal. Pero, ¿Qué ocurre en la mente de la persona que medita? Cuando ella estuvo en el Vipassana, le costaba muchísimo detener sus pensamientos. Al estar mucho tiempo a solas consigo misma, era muy difícil no encontrarse con ellos, pero con el paso del tiempo, fueron terminando las cosas en las que pensar. Durante una sesión de meditación, se realiza un escáner del cuerpo, centrándose en cada parte, y empleando la respiración para conseguirlo. La meditación es recomendable para quienes tienen demasiadas cosas en la mente, como la práctica del Yoga, para las que tienen menos flexibilidad.

 

El Acroyoga y el masaje tailandés: El sol y la luna del Yoga.

Pero no hace falta sudar la gota gorda para practicar Yoga, y el masaje tailandés está pensado para quienes quieren iniciarse en esta práctica sin grandes esfuerzos. Esta modalidad se desarrolló en Tailandia, donde un monje de la India llamado Shivago Komarpaj, consiguió adaptar el Yoga a los monjes, para que lo realizaran de un modo pasivo. De este modo, conseguían mantener el cuerpo con energía, y lo preparaban para la meditación. Se trabaja el cuerpo de forma pasiva, por eso es un masaje, y hay una persona que realiza todo el esfuerzo, que si lo hace bien, no tiene por qué perder energía, aunque se produzca cansancio físico. Se hace con ropa, ya que se buscan estiramientos y movimientos de Yoga, más que la relajación. En Europa, una sesión de masaje tailandés puede durar una hora y media, pero en Oriente son mucho más largos, como si fueran sesiones de meditación. En cuanto al Acroyoga, que es el otro extremo del esfuerzo que requiere esta disciplina, en realidad está al alcance de todo el mundo. Los ejercicios son más complicados, y requieren que las personas acudan acompañadas para realizarlos. Pero gracias al control de la respiración, y del equilibrio de la energía que se transmite por todo el cuerpo, es posible realizarlo con asombrosos resultados. Además, ambas se darían en una misma clase, como un Yin Yang.

 

Oferta y sitios web de referencia

Sandra ha querido impartir sus clases de un modo flexible, acorde con los horarios de los vecinos. En cuanto a los precios, se pueden agrupar en bonos. Ofrece uno de cinco clases por 30, y otro de diez clases por 50. La simple cuesta 8, y quien quiera hacer una toma de contacto, puede realizar la primera clase totalmente gratuita. Y su oferta es amplia, desde clases de Yoga y meditación, hasta sesiones de Acroyoga y masaje tailandés. En cuanto a la meditación, ha pensado sustentar el pago en donaciones, tal y como se hacía en su Vipassana. Las clases se imparten en el club social de La Pizarrera, y en su página recomienda traer una esterilla o toalla (Para quienes necesiten trabajar la flexibilidad, pueden traer un cojín o una toalla doblada). Los vecinos interesados pueden contactar con ella a través de su página de Facebook, Yoga en La Pizarrera - Valdemorillo. Espera que estas disciplinas puedan llegar a todos. El cambio empieza en el seno interior, y ella está contenta de encaminar su vida hacia unos fines que son tan productivos para ella, como para los vecinos.

Son muchas modalidades, pero al final todas parten de una misma base. La meditación le ha servido para saber quién es, y por tanto, lo que quiere hacer; el Yoga le ha ayudado a sentirse bien, tranquila y sana con su cuerpo; el Acroyoga es donde encuentra la diversión y el contacto con la gente; y con el masaje tailandés tiene su momento de dar, sin que sea necesario recibir. Como explica, “al final, cuanto más das, menos te importa recibir. Empiezas a dar masajes, y al final te llueven como de la nada.”

 

 

 

Más información en su página de Facebook: Yoga en La Pizarrera – Valdemorillo https://www.facebook.com/yogalapizarrera?fref=ts

O en su página web (En inglés) http://www.yogainature.com/